Masacre de El Zapallar: la tradición oral como antídoto contra la impunidad
La que se conoce como Masacre de El Zapallar ocurrió en agosto de 1933 en donde actualmente se alza la ciudad chaqueña de General San Martín. Fue la segunda matanza contra una población indígena en el Territorio Nacional de la que luego sería la Provincia del Chaco, luego de la Masacre de Napalpí, en 1924. En ese contexto, once descendientes de sobrevivientes del pueblo moqoit declararon ante la Fiscalía Federal de Resistencia para reconstruir los hechos sucedidos hace casi un siglo. Lo hicieron desde la memoria oral heredada de sus abuelos y abuelas. La Fiscalía Federal promueve que el caso sea declarado como delito de lesa humanidad en un “Juicio por la Verdad” que reconozca la verdad histórica.
La tarde del lunes 7 de abril en la Biblioteca Cervantes de San Bernardo, en el interior del Chaco, once hombres tomaron asiento frente al fiscal general Federico Carniel y comenzaron a hablar de lo que sus abuelos les contaron. No vivieron la masacre. Pero la cargan. Llegaron desde distintas colonias y parajes —Colonia Necochea, Juan Larrea, El Pastoril, el Barrio Moqoit de San Bernardo, el paraje Cacica Dominga en Quitilipi— convocados por la Fiscalía Federal de Resistencia para aportar sus testimonios en la investigación penal por los hechos ocurridos el 20 de agosto de 1933 en El Zapallar, cuando policías y civiles abrieron fuego sobre un grupo de indígenas moqoit que marchaban en busca de trabajo.
La investigación toma como antecedente directo el Juicio por la Verdad de la Masacre de Napalpí, que declaró esos hechos de 1924 como delito de lesa humanidad y reconoció el primer genocidio perpetrado contra pueblos indígenas en Argentina. El Zapallar llegó nueve años después, con la misma lógica.
La audiencia fue filmada por el área de comunicación de la Universidad Nacional del Nordeste. Estuvieron presentes el presidente del IDACH, Florencio Díaz, y los vocales del pueblo moqoit Graciela Zoilo y Romualdo Maldonado. El municipio de San Bernardo declaró de interés municipal la jornada, reconociendo en ella lo que la resolución llamó “prueba soberana”: el relato oral de los descendientes transformado, casi cien años después, en elemento de la investigación penal.
Lalecori: “Los que pudieron escaparse fueron los que sobrevivieron”
Sixto Lalecori, de 65 años, jornalero de Colonia Necochea Charata, conoció los hechos por boca de su madre Justina y sus abuelos Enrique Lalecori y Bartolina Miño. Según les contaron, todo comenzó con la organización de un grupo que no tenía trabajo y supo que había posibilidades en otro lado. El que los encabezaba era un hombre llamado Durán. “Se reunieron la noche anterior para organizarse y cada uno aportaba algo de miel, animalitos cazados, eran el único alimento que tenían”, relató Lalecori ante el fiscal, describiendo el estado de precariedad extrema en que vivían esas familias antes de emprender la marcha.
El grupo avanzó dividido para no despertar sospechas, enviando mensajeros por delante. Había mujeres y niños. “El primer grupo fue recibido por la autoridad del Estado, la policía, por disparos de armas de fuego”, dijo. “Los que pudieron escaparse fueron los que sobrevivieron. Murieron mujeres y niños porque no tenían experiencia para escaparse”, reveló Lalecori. En ese sentido, reflexionó que las víctimas no tenían experiencia de la masacre de 1924 (Napalpí). “Mi familia si tenía experiencia y eso los ayudó. Los demás ignoraban lo que les podía pasar”, aseguró.
Salteño: “Fueron los militares a sangre fría y asesinaron a todos: niños, mujeres y hombres”
La figura del cacique Luis Durán aparece en casi todos los testimonios. Alfredo Salteño, de 76 años, jornalero de Colonia Juan Larrea, aprendió la historia de su abuelo Pedro Balquinta. Según ese relato, Durán era sobreviviente de la masacre de Napalpí de 1924: había escapado al monte y sobrevivido. Casi una década después, ante la crisis de trabajo, fue él quien convenció a los suyos de moverse. “Llegó una persona que venía de Resistencia y dijo: ¿por qué no vamos a un lugar donde haya trabajo? Cada noche se reunían y aceptaron la propuesta”, contó Salteño. La fecha que preserva la memoria oral es precisa: el 20 de agosto de 1933, el grupo llegó a un pueblito junto a una laguna, que se llamaba El Zapallar. “Pensaron que los moqoit vinieron a pelear. Fueron los militares a sangre fría y asesinaron a todos: niños, mujeres y hombres”, aseguró.
Córdoba: “Los blancos creían que podían quitarles la tierra”
Anselmo Córdoba, de 60 años, de Colonia El Pastoril, llevó el relato de su abuelo Martiriano Martínez, que viajó a caballo hasta El Zapallar y vio los cuerpos. “Vio muertos a niños y mujeres. Dijeron que había solo 2 muertos pero él no creía”, señaló Córdoba. Su abuelo entendía lo que había detrás del ataque: “La gente estaba tranquila, pero como venían, los blancos creían que podían quitarles la tierra”. Dijo además que algunos lograron escapar y fueron quienes avisaron lo ocurrido, y que los cuerpos fueron enterrados fuera del cementerio, en un lugar sin marcar, para esconderlos. Estimó unos 300 muertos.
Martínez: “Muchos ancianos murieron por hambre después de la masacre”
Juan Carlos Martínez, docente bilingüe del Barrio Moqoit de San Bernardo, aportó el testimonio de su abuela Ramona Pérez, que tenía siete u ocho años cuando ocurrió la masacre. “Había una hambruna generalizada y convencieron a los caciques que había un lugar para trabajar en la zona de El Zapallar”, contó. Su abuela era la menor de tres hermanos. Cuando comenzaron los disparos, su bisabuela la subió a un caballo y cruzaron un río a nado. “En el río murieron también muchos ahogados”, dijo Martínez. “A algunas familias se le perdieron los hijos y no saben qué pasó”. Identificó al jefe policial responsable de la represión: un hombre llamado Ostrera. “Muchos ancianos murieron por hambre después de la masacre”, agregó.
Ruiz: “Los que tiraban los tiros eran los policías y algunos civiles”
Florencio Ruiz, de 55 años, del Barrio Moqoit de San Bernardo, escuchó la historia de su tartarabuela Teresa Martínez. Según ella, el grupo había partido desde la Reducción Napalpí buscando comida, y El Zapallar representó “el segundo ataque”. Ruiz narró la escena como “una cacería”: “Un abundante grupo de personas moqoit tuvieron que escapar, y hubo varios muertos. Los que tiraban los tiros eran los policías y algunos civiles”.
Mario Tomas, de 56 años, de Colonia Aborigen, supo de los hechos por sus abuelos Ana Segovia y Ramón Patricio Nolasco. Ellos se escaparon. “Me decían que los responsables eran criollos”, dijo, en una de las pocas menciones explícitas de responsabilidad civil que surgieron de las declaraciones.
Héctor José, de 65 años, del paraje Cacica Dominga en Quitilipi, cerró el cuadro con el relato de su abuelo Luis Salteño y su tío Enrique José. Según ese testimonio, el cacique Durán fue quien guió al grupo hacia El Zapallar prometiendo alimentos. “Se vinieron la gente del gobierno, la autoridad. Le enfrentaron los policías y llegó a la masacre. Mataron a varios Qom y Moqoit. Fueron más o menos 70 para arriba los asesinados, entre ellos niños, mujeres y ancianos”.
