“Confesión de partes” Columna de opinión de César Malato
“Quien le da pan a perro ajeno, pierde el pan y pierde al perro”. (J.D. Perón)
Si a los personajes que se autoperciben integrantes y/o salvadores del Movimiento Nacional Peronista se les ocurre concretar alguna de las propuestas —por ejemplo— “ir a ver en una delegación entre comillas peronista a Donald Trump”, que sepan quienes avalan a este tipo de sectores, pensando que aún estamos en el ’40, en el ’60 o en el ’70, que no van a contar con el apoyo de cientos de miles de peronistas que, como quien suscribe, por ejemplo, es peronista desde los 14 años y ya porta 58.
El nombre de Perón, Evita y la patria peronista —y también el de Néstor y el de Cristina, en algunos casos— no pueden suscribir cualquier aventura que desdibuje la identidad del Movimiento Nacional que, a días de cumplirse 50 años del criminal golpe de Estado militar-clerical y civil, puso la mayor cantidad de detenidos desaparecidos, torturados y arrojados vivos desde aviones, como su mejor aporte de militancia —que enorgullece a nuestra historia argentina, nacional, popular y revolucionaria—, como ofrenda y como testimonio de su adhesión a este Proyecto a favor de las mayorías y, sobre todo, de aquellos que menos tienen.
Pensarnos que, con los protagonismos de Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto, aliados a Victoria Villarruel y rindiendo testimonio en el altar del asesino de Donald Trump —que bombardea escuelas, mata niños y secuestra Presidentes— no sólo es demasiado para ejercitar al estómago peronista —siguiendo al fiel de Perón con el mandato de que “de vez en cuando hay que tragarse algún sapo”—. Remarcamos: de vez en cuando. Lo que no quiere decir que nuestra “renovación”, y nuestra refundación como propuesta política para conquistar a las mayorías populares, sobre todo, deba ser de alguna manera protagonizada por esta serie de personajes nefastos, saltimbanquis, sin moral y que claramente, cuando sus ideas no cuadran, tienen otras, si es que esas no te gustan.
Guillermo Moreno, Miguel Ángel Pichetto, más Victoria Villarruel y, en el plano internacional, Donald Trump y Benjamín Netanyahu, están en las antípodas y son el oxímoron del Movimiento Nacional Peronista que nació en el “45 para reivindicar el rol de la clase trabajadora en la vida nacional, darle derechos y mejorar las condiciones de vida de las mayorías postergadas y desposeídas del pueblo argentino.
Nuestro estómago, nuestra práctica de “alguna vez y de vez en cuando tragarnos algún sapo”, no es a prueba de amianto ni de tabletas y tabletas de sertal ni de baldes de hepatalgina para digerir semejante menjunje sin ideología, sin propuesta política y sólo con aspiraciones personales.
La historia dirá si, en nombre de “unidad hasta que duela”, nuevamente el peronismo y el movimiento nacional —emancipador, de liberación, soberano, autonomista, independiente, argentino y latinoamericanista— es capaz de soportar semejante atropello y afrenta para nuestra memoria y para nuestra construcción colectiva.
Esperemos que no suceda.
