Gobierno de lúmpenes y exceso de comentarismo. Columna de Opinión – César Malato

“Hay que hablar mucho de las ideas, poco de las cosas y nada de las personas” (Juan Domingo Perón).

La banalidad y la impudicia de la exposición de este gobierno que pregona moral, buenas costumbres y austeridad, aparece con la bragueta abierta, brindando con champán en la cubierta del Titanic, mientras el país se hunde en lo más profundo de la desocupación, la miseria, el hambre y la desnutrición infantil.

Nuestro país se hunde en la desocupación, El gobierno estalla con escándalos de corrupción en la cual siempre se llenan los bolsillos los mismos funcionarios cercanos y de extrema confianza y las corporaciones económicas transnacionales con socios locales que siempre operaron como pantallas parásitarias del Estado y de los bienes soberanos de nuestro país.

El hiperdiagnóstico, el ser comentaristas o exponer en forma permanente la banalidad de esta clase parasitaria que nos gobierna, puede ser una tentación, fundamentalmente por la dinámica que tienen nuestras redes sociales o antisociales, pero a la vez nos paraliza y nos hunde en un profundo dolor e inestabilidad emocional que nos priva de organizar acciones para contrarrestar semejante escenario.

A partir de producir encuentros cara a cara, reuniones, espacios de análisis y reflexión y toma de acción, rompemos el círculo de la inacción, la parálisis y la anomia social.

El hecho es, ¿Qué somos capaces de hacer nosotros o qué estamos haciendo nosotros desde nuestros espacios de militancia política, social, gremial, académica, para juntar cada uno de los archipiélagos de nuestra propia fragmentación, que fue y es damnificado por este gobierno y por sus medidas antipopulares y cómo lo estamos haciendo?

¿Cuánta energía y cuántas acciones concretas estamos generando desde nuestras propias posibilidades, desde nuestros entornos inmediatos y militantes, para organizar propuestas, plataformas, redes de organizaciones que no sólo le pongan el pecho y traten de frenar la miseria, el hambre y la desocupación, sino que también seamos capaces de contrarrestar desde propuestas que enriquezcan la construcción de un proyecto político colectivo, socialmente inclusivo y con estándares de distribución de la riqueza y los derechos totalmente opuestos a lo que estamos viviendo hoy y a lo que se nos propone?

Tal vez la remanida excusa de la carencia de liderazgos o de la falta de actitudes de grandeza y unidad en el marco del proyecto nacional y popular – hegemonizado históricamente por el peronismo- sea la perfecta oportunidad para construir, como dijo hace un tiempo CFK, de nuevo nuestra actitud de “mariscal” y conducir nuestros espacios hacia lugares de confluencia y de síntesis que son imprescindibles para tener un 2027 diferente, victorioso y con proyecto político a implementar en cada una de las áreas de gobierno, en los cuales este rejunte de parásitos y lumpenes que nos gobiernan en la actualidad, tengan que tener como destino su casa y también los juzgados para terminar tras las rejas.

Los desafíos colectivos y las carencias de nuestro pueblo son nuestros insumos y nuestra inspiración y también ponen la vara alta de la responsabilidad histórica que tenemos como cuadros políticos, militantes, activistas, dirigentes y todo aquel que se crea convocado a generar esta reacción popular y social y encauzarla en un proyecto político, nacional, popular, latinoamericano y emancipador.

 

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