“Habrá que aprender a elegir líderes que se parezcan a nosotr@s”. Por César Malato

Uno.
Hay épocas, momentos tristes, en los que nos acostamos en un mundo configurado de determinada forma —cultural, económica, social y jurídicamente— y nos levantamos en otro.
Un mundo que comienza a dar por tierra, a disolver de cuajo, los acuerdos construidos a partir de la paz de la Segunda y la Tercera Guerra Mundial; que arrasa con la existencia y con la razón misma de ser de los Organismos multilaterales como la Organización de los Estados Americanos y la Organización de las Naciones Unidas; que deja sin sentido las misiones de paz que esos organismos desplegaban en los continentes afectados por guerras o por hambrunas en otras épocas; y que contribuye, bruscamente, a demoler los valores que construyeron los sistemas democráticos, republicanos, federales, sociales, comunitarios y comunitaristas.

DOS.
También, y en consecuencia —como es costumbre de los serviles, de aquellos que están siempre atentos y diligentes a servir a los poderosos y a las clases dominantes de cada lugar, y a aliarse rápidamente con las clases dominantes extranjeras— arrasan con el mundo de nuestros derechos.
En la Argentina, por ejemplo, con los derechos laborales y previsionales. Nada va a ser igual si un próximo Gobierno no logra revertir este atropello, esta disolución, esta echada por tierra de derechos conquistados a lo largo de cincuenta, sesenta, setenta, ochenta años, a partir del lunes.
También arrasan con el sentimiento de justicia, de justicia social, de inclusión, de solidaridad, con la idea misma de construir sociedades armoniosas para que todos podamos desarrollarnos en el marco de una comunidad que crece de manera equilibrada.

TRES.
¿Cuál es el hito, cuál es la nota, cuál es la clave que reconfigura estos escenarios que van a condicionar el desarrollo y la vida de nuestros próximos años —tal vez de nuestras próximas décadas—, que impone las reglas y las condiciones bajo las cuales debemos vivir, dictadas por quienes más armas tienen, por quienes más descaro exhiben y por quienes menos respeto profesan por este mundo de la institucionalidad, de la democracia, de los valores, de los derechos, de la solidaridad y del sentimiento elemental de ayudar a quien más lo necesita?

Y no se reconfigura —¿no?— a partir de un sistema de valores superior que venga a reemplazar al actual por decadente, y a mejorar nuestras condiciones de vida como Pueblos, como comunidades, como sociedades, como familias; se reconfigura, por el contrario, a partir de la amenaza de la guerra, sin aviso y a traición.

CUATRO.
Ahí están, como ejemplo, Irán y Estados Unidos, con Israel de fondo y como principal extorsionador, mientras estaban —y están— en negociaciones desde hace meses para escuchar, tanto Irán como Estados Unidos, cuáles eran las condiciones para dejar de acosarse militarmente, para que Estados Unidos, concretamente, deje de acosar militarmente a Irán.

Exactamente en ese momento —y ya con una decisión tomada desde hacía mucho tiempo— Estados Unidos decidió atacar a traición, conjuntamente con Israel, a Irán, un país que nunca agredió a nadie, aclaramos, y comenzar así a reconfigurar el escenario internacional. ( Profundiza las guerras por el manejo hegemónico del petróleo, los minerales y tierras raras, el agua dulce, el territorio).

Guerra a traición, sin aviso, sin valores ni respetos, sostenida en los no valores de los menesterosos, para que ganen los ricos, los pedófilos, los prepotentes, los brutos, los que primero mandan a matar y después avisan cuáles van a ser las condiciones bajo las cuales nosotros debemos vivir.

CINCO.
En nuestras energías, en nuestras vocaciones y voluntades políticas, sociales, económicas, académicas y comunitarias, en nuestras fuerzas, va a estar la posibilidad de subsistencia y de reconstrucción de nuestro sistema de valores para ser mejores, pero mejores de verdad: no para la consigna, no para la campaña electoral, no para conquistar un voto más o un voto menos, sino para ser mejores de verdad.

POSTDATA: también deberemos aprender a hacernos cargo de la parte que nos toca; trabajar, intuir, aprender a elegir líderes que construyan y no solo que destruyan o den por tierra con lo construido; que, a fuerza de garrotes, de gases, de cárceles, de torturas, de espías, rompan con todo lo que nos trajo hasta acá, mal o bien. Líderes que sean cada vez más parecidos a nuestros Pueblos (Néstor Kirchner), a nosotros, a los de a pie, y no a esas otras referencias que tienen en la destrucción, la prepotencia y la fuerza de las armas su modo de imponerse.

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